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El informe de Aecoc Shopperview analiza el peso de la sostenibilidad en los hábitos de consumo y, especialmente, el papel que desempeñan los envases en la percepción de las marcas. Siete de cada diez consumidores reconocen que el tipo de envase influye en su decisión de compra, mientras que un 33% admite haber valorado dejar de comprar algún producto por este motivo.
Eso sí, aunque el 74% de los españoles considera importante la sostenibilidad, el estudio pone de manifiesto que las motivaciones económicas están cobrando cada vez más relevancia. Las prácticas sostenibles más extendidas son precisamente aquellas que combinan beneficio ambiental y ahorro doméstico.
Reducir el desperdicio alimentario, limitar el consumo de agua y energía o apostar por electrodomésticos eficientes son algunas de las acciones más habituales entre los consumidores. En muchos casos, el ahorro económico ya supera incluso a la motivación estrictamente medioambiental.
La investigación también muestra que los compradores demandan envases más sencillos, reciclables y con información clara sobre su correcta gestión. Entre las principales peticiones destacan la reducción de materiales innecesarios, el uso de soluciones monomaterial que faciliten el reciclaje y una mayor transparencia sobre cómo desechar correctamente los productos.
Asimismo, tres de cada cuatro consumidores estarían dispuestos a modificar el formato de los productos que compran si ello contribuyera a reducir significativamente la generación de residuos.
Los resultados evidencian que el envase se ha convertido en un elemento estratégico para fabricantes y distribuidores. Más allá de garantizar la protección y conservación del producto, el packaging influye cada vez más en la percepción de marca y en la fidelidad del consumidor.
Sin embargo, el estudio también revela una cierta exigencia hacia las empresas: solo una cuarta parte de los consumidores considera que las compañías están haciendo esfuerzos suficientes para mejorar la sostenibilidad de sus envases. Además, el precio sigue actuando como factor decisivo, lo que obliga a las marcas a encontrar un equilibrio entre sostenibilidad, funcionalidad y competitividad.