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En los últimos años, la protección solar se ha transformado en retail español. Alicia Antón Fernández, Directora Comercial de Clarel, nos explica cómo ha pasado de ser un producto estacional ligado al verano, a ser una categoría esencial de cuidado personal, con presencia estable en punto de venta e integrada en la rutina diaria.
La protección solar se ha convertido en un básico, también en los lineales de retail. Responde a una combinación de mayor concienciación sobre la salud de la piel, la influencia de la dermatología en el consumo cotidiano y la evolución de las expectativas del comprador, que hoy demanda soluciones más completas, accesibles y adaptadas a diferentes estilos de vida.
Otro punto relevante ha sido la ampliación del surtido. La categoría ha crecido gracias a la ampliación y diversificación. De unas pocas referencias básicas se ha pasado a gamas por necesidad (facial diario, piel sensible, urbano, resistente al agua y deporte), haciendo del solar una familia de soluciones según el momento de uso.
En tienda no solo se busca “un SPF”, se busca soluciones. Cuando el punto de venta se organiza solo por niveles de protección o por marcas, obligamos al cliente a descifrar la categoría; cuando se organiza por necesidades, la categoría se vuelve intuitiva. Y en un entorno de compra de conveniencia, donde la decisión es rápida, esa intuición es la que convierte.
La mejora de la experiencia de uso ha sido clave para el crecimiento de la categoría, impulsada por la innovación en texturas. Las nuevas fórmulas han dejado atrás la sensación pesada o grasa de los solares tradicionales. Ahora predominan texturas ligeras, acabado invisible y absorción rápida, fáciles de integrar en la rutina diaria.
Cuestiones como si es para cara o cuerpo, si controla brillos, si es apto para piel sensible, si aguanta deporte o si es cómodo para reaplicar se resuelven mejor con orientación clara y práctica. No hace falta saturar con tecnicismos; hace falta claridad. Por eso, el asesoramiento en tienda, reduce dudas, mejora la conversión y disminuye compras “por inercia” que luego no se repiten.
El valor diferencial está en ese asesoramiento en tienda, fruto de la cercanía. Porque cuando elegir se vuelve complejo, nuestro deber es hacerlo sencillo: eliminar la incertidumbre y transformar la compra en una decisión informada, no en una sola comparación por precio. Esa orientación directa fideliza, refuerza la confianza y confirma que, en protección solar, lo importante es acertar.
Asimismo, el formato ha jugado un papel determinante. Los formatos compactos y portátiles (brumas, stick, etc.) han ampliado el uso del fotoprotector más allá de las vacaciones, integrándolo en la rutina diaria: hoy es común llevarlo en bolsos, mochilas o incluso en la oficina.
En definitiva, la fotoprotección ya no es solo una categoría estacional; es una categoría de hábito. Y desde producto, el valor no está únicamente en ampliar surtido, sino en construir una propuesta que el consumidor español entienda en segundos, disfrute al usar y pueda mantener todo el año. Si hacemos fácil elegir, fácil aplicar y fácil repetir, la protección solar deja de depender del verano y se convierte, de verdad, en un básico de cuidado diario para millones de consumidores.
Un buen ejemplo lo vemos a través nuestra gama solar de la marca propia bonté, que demuestra cómo democratizamos la protección solar: con alta calidad a un precio accesible, sin renunciar a la eficacia. Es un reflejo de nuestro compromiso con la salud y la belleza de los clientes, con una gama completa para piel sensible, antimanchas, filtros minerales y aftersun, en formatos prácticos como neceser, brumas, stick, roll on y protección labial.
El reto será seguir avanzando con soluciones más personalizadas, sostenibles y accesibles, alineadas con un consumidor informado y exigente que integra la fotoprotección en su día a día.