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La cuenta atrás para el despliegue del Reglamento Europeo sobre Envases y Residuos de Envases (PPWR) ha comenzado. A pocas semanas de que entren en vigor sus primeras obligaciones, la incertidumbre sigue siendo elevada entre las empresas de alimentación, packaging y distribución, especialmente en aspectos relacionados con la documentación de conformidad y las restricciones a determinadas sustancias en contacto con alimentos.
Según Aimplas, más de 200 compañías han solicitado ya asesoramiento sobre la nueva regulación, hasta el punto de que entre el 50 y el 60% de las consultas que recibe actualmente su área de envases están relacionadas con el PPWR.
El PPWR (Packaging and Packaging Waste Regulation) es el nuevo reglamento europeo que sustituye a la anterior directiva sobre envases. Su objetivo es impulsar una economía circular más eficiente mediante requisitos comunes sobre diseño, reciclabilidad, reutilización y seguridad de los envases comercializados en la Unión Europea. Al tratarse de un reglamento, su aplicación es directa en todos los Estados miembros.
La primera fase de aplicación pone el foco en la composición de los materiales y en la necesidad de acreditar su conformidad mediante documentación técnica verificable. Las empresas deberán demostrar que los envases cumplen los límites establecidos para determinadas sustancias y disponer de la correspondiente Declaración UE de Conformidad.
Una de las principales fuentes de inquietud está relacionada con las restricciones a los PFAS en envases destinados al contacto alimentario. Fabricantes, importadores y marcas tendrán que demostrar el cumplimiento de los nuevos límites mediante documentación técnica y, en determinados casos, ensayos específicos sobre el producto final.
Los expertos apuntan especialmente a los envases de papel y cartón utilizados para alimentos grasos, húmedos o preparados para llevar, donde podrían ser necesarios cambios en formulaciones o materiales para mantener las prestaciones exigidas por seguridad alimentaria.
Aunque el debate suele centrarse en fabricantes de envases, el alcance es mucho más amplio. El reglamento involucra a productores, importadores, distribuidores y empresas que comercializan productos bajo marca propia, independientemente de que diseñen o no directamente el envase.
Las compañías deberán identificar con precisión su papel dentro de la cadena de valor para determinar qué obligaciones les corresponden.
La adaptación al PPWR podría traducirse en cambios visibles en algunos formatos de envase y en una evolución de determinados materiales utilizados actualmente. Además, los procesos de reformulación, validación y homologación podrían incrementar los costes de producción, con un posible impacto en los precios finales.
No obstante, los primeros análisis realizados por Aimplas muestran que menos del 1% de las muestras estudiadas han superado los límites legales establecidos, aunque la entidad considera prematuro extraer conclusiones definitivas sobre el impacto real de la norma.
La creciente demanda de asesoramiento técnico evidencia que gran parte del tejido empresarial sigue inmerso en la fase de interpretación y adaptación. Con el 12 de agosto como primer hito del calendario regulatorio europeo, el PPWR se perfila como uno de los mayores cambios normativos que afrontará la industria del packaging durante los próximos años.