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Antonio Espinosa de los Monteros, CEO y cofundador de Auara, escribe este artículo de Retail Actual sobre cómo el consumidor, en su relación con las marcas, ha incrementado su sensibilidad hacia el impacto que generan las empresas.
Durante mucho tiempo, la ecuación del gran consumo ha sido bastante clara. Precio, calidad y disponibilidad han marcado la mayor parte de las decisiones de compra. Estos factores siguen siendo esenciales, pero ya no son suficientes para explicar cómo se construye la relación entre marcas y consumidores. En los últimos años, hemos visto cómo ha empezado a ganar peso una variable que antes era secundaria: el impacto que hay detrás de cada empresa.
No es una tendencia puntual, sino el reflejo de un cambio más profundo en la forma en que muchas personas entienden su papel como consumidores. El contexto actual, marcado por retos como el cambio climático, la presión sobre los recursos o las desigualdades sociales, ha incrementado la sensibilidad hacia el impacto que generan las empresas. A esto se suma un mayor acceso a la información, que permite conocer mejor el origen de los productos y los procesos que hay detrás.
Este nuevo escenario está redefiniendo lo que se espera de las empresas. Ya no se trata solo de ofrecer calidad o precio competitivo, sino de demostrar de forma tangible qué aportan a la sociedad. El reto no es comunicar un propósito, sino integrarlo en el modelo de negocio. Porque cuando ese compromiso es real, deja de ser un elemento accesorio y pasa a formar parte del valor que la marca representa.
Ese fue precisamente el planteamiento con el que nació Auara hace diez años. Desde el principio quisimos demostrar que era posible competir en el mercado con un modelo empresarial diferente, en el que cada acción de la compañía generara un impacto social tangible. Por eso, el 100% de los dividendos se destinan a financiar proyectos de acceso a agua potable en comunidades vulnerables. A través de la venta de agua mineral y zumos, la compañía ha impulsado 264 infraestructuras de agua, saneamiento y agricultura en 29 países de África, Asia y América Latina, mejorando la vida de más de 170.000 personas. Cada proyecto se desarrolla junto a organizaciones locales que conocen la realidad de cada comunidad y aseguran que las infraestructuras funcionen y se mantengan a largo plazo.
Con el paso del tiempo hemos comprobado algo que confirma esa intuición inicial. Cuando el propósito forma parte del modelo de negocio, el crecimiento empresarial y el impacto social avanzan en paralelo. Cada nueva botella vendida, cada nuevo consumidor y punto de distribución amplían también la capacidad de generar un cambio positivo. Para muchas personas, comprar ya no significa únicamente adquirir un producto, también implica apoyar empresas que contribuyen a mejorar la vida de otros y comparten valores en los que creen.