Empresas Premium
En estos casos suelen coincidir dos factores: la existencia de vulnerabilidades en los sistemas de control de refrigeración y que estos equipos estén expuestos a internet sin las medidas de protección adecuadas. Muchos de estos sistemas permiten a empresas de mantenimiento supervisar temperaturas o modificar parámetros de forma remota. Si esos accesos no están suficientemente protegidos, pueden ser aprovechados por un atacante para alterar la temperatura o activar procesos de descongelación sin necesidad de comprometer los sistemas informáticos centrales del supermercado.
Los ataques informáticos contra infraestructuras críticas no son nuevos, pero sí ha cambiado el contexto. Hoy existen muchos más sistemas conectados y, por tanto, una superficie de ataque mucho mayor. Además, el uso de inteligencia artificial está facilitando que determinados delincuentes puedan lanzar ataques sin contar con conocimientos técnicos especialmente avanzados, lo que contribuye al incremento de incidentes.
Desde un punto de vista técnico, sí. En España también existen instalaciones que pueden supervisarse y gestionarse a distancia. Sin embargo, que un sistema esté conectado a internet no implica automáticamente que sea vulnerable. El riesgo depende de factores como el nivel de exposición, la antigüedad de los equipos, el estado de las actualizaciones o los controles de acceso implementados. Una de las primeras medidas que deberían adoptar las empresas es revisar junto a sus proveedores qué sistemas pueden administrarse de forma remota y bajo qué condiciones.
Las principales debilidades suelen estar relacionadas con accesos remotos poco protegidos, software desactualizado, fallos de autenticación y el uso de contraseñas predeterminadas. A ello se suma que muchos equipos industriales fueron diseñados priorizando la operativa y no la ciberseguridad. El riesgo aumenta cuando estos dispositivos comparten red con otros sistemas corporativos, ya que una brecha puede facilitar movimientos laterales dentro de la organización.
Sin duda. Los ataques a la cadena de suministro son una de las vías de acceso más habituales. Una vulnerabilidad en un proveedor tecnológico o en una empresa de mantenimiento puede afectar simultáneamente a varias organizaciones. Por eso, las compañías deben ir más allá de la protección de sus propios sistemas y evaluar también el nivel de seguridad de terceros, definiendo responsabilidades y protocolos conjuntos de respuesta ante incidentes.
La prioridad debería ser evitar que los sistemas de refrigeración estén expuestos directamente a internet. También es fundamental corregir vulnerabilidades pendientes, utilizar conexiones seguras con autenticación multifactor para las tareas de mantenimiento remoto, identificar los equipos que han quedado fuera de soporte y garantizar una correcta segmentación de redes. Junto a ello, es recomendable implantar alertas ante cambios anómalos de temperatura y procedimientos que permitan actuar rápidamente ante cualquier incidencia.
Las empresas deben asumir que cuentan con numerosos sistemas susceptibles de ser atacados desde el exterior. La mejor estrategia pasa por realizar un inventario de los equipos conectados, desconectar aquellos que no necesiten acceso externo, limitar las conexiones a personal autorizado, revisar la segmentación de redes e incorporar soluciones capaces de detectar intentos de intrusión en tiempo real. La ciberseguridad ya no es únicamente una cuestión tecnológica, sino un elemento clave para garantizar la continuidad del negocio.