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El consumidor de alimentación en 2026 evoluciona más que cambia. Durante años, nos preguntábamos ¿qué quiere comer el consumidor? Hoy la pregunta es otra ¿qué papel quiere que tenga la alimentación en su día a día? Artículo de Olimpia Peyrona, Head of Marketing Innovation en Better Balance.
El consumidor no solo ha evolucionado en lo que compra, sino en lo que espera que la alimentación haga por su vida. Comer ya no es únicamente nutrirse o darse un capricho, es una forma de cuidar el cuerpo, la mente y construir bienestar cotidiano.
Este cambio está dando forma a un perfil cada vez más visible: una persona que busca coherencia entre salud, sostenibilidad y disfrute. Para las marcas de alimentación, el reto es que ya no basta con ofrecer productos, hay que aportar valor real en la vida de las personas.
El recorrido de compra alimentaria es hoy radicalmente híbrido. La tienda física sigue siendo el lugar donde ocurre la mayor parte de las compras, pero la decisión se construye mucho antes de llegar al lineal. La inspiración, el contenido gastronómico, las recetas online o las recomendaciones influyen directamente en lo que finalmente entra en la cesta.
Esto obliga a las marcas a pensar la experiencia del consumidor de forma integral. El consumidor actual no separa canales. Para él, la marca es una sola. La historia que cuenta el envase, el contenido digital y la experiencia en tienda deben responder a una misma lógica.
Y es que uno de los cambios más claros en el consumidor actual es su relación con los ingredientes. Durante años, el concepto clean label fue una tendencia. Hoy se ha convertido en una expectativa básica. Los consumidores buscan productos con ingredientes reconocibles, procesos claros y origen verificable.
Este cambio está directamente vinculado a una mayor conciencia sobre la relación entre alimentación y salud. Cada vez más consumidores se informan y esperan respuestas claras por parte de las marcas. Tecnologías como los códigos QR o la trazabilidad digital empiezan a consolidarse como herramientas clave para generar confianza.
A lo que se suma que cada vez más consumidores adoptan una mentalidad flexitariana. No buscan necesariamente eliminar la carne o los productos tradicionales. Buscan equilibrio, variedad y alternativas que encajen mejor con su estilo de vida.
En este contexto, las marcas que reimaginen la experiencia de comer y acompañen al consumidor en ese equilibrio entre sabor, salud y sostenibilidad abren una vía clara para innovar. Por eso, la alimentación se ha convertido en entretenimiento y en una forma de descubrimiento. Las redes sociales han acelerado la difusión de tendencias gastronómicas, sabores híbridos y formatos innovadores.
Cada vez más consumidores buscan experiencias culinarias que combinen curiosidad, placer y creatividad. Esto abre una oportunidad clara para las marcas, el de convertir el producto en experiencia y la experiencia en algo memorable.
No hay que olvidar que la salud sigue siendo uno de los principales motores de compra, pero su significado ha evolucionado. Antes el consumidor buscaba evitar lo negativo, menos azúcar, menos grasa, menos calorías. Hoy la conversación se mueve hacia algo diferente que es incorporar hábitos que mejoren su bienestar.
El consumidor quiere alimentos que le ayuden a sentirse con más energía, cuidar su digestión y mantener una dieta equilibrada. Para las marcas, esto implica pasar de una lógica centrada en el producto a una lógica centrada en la vida del consumidor.
Las marcas que ganarán relevancia en los próximos años serán aquellas capaces de conectar alimentación con bienestar cotidiano y propósito. En otras palabras, el reto ya no es solo alimentar, sino aportar valor real en el día a día de las personas.
Por Olimpia Peyrona, Head of Marketing Innovation en Better Balance.