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MartGifts reflexiona sobre cómo evitar el desperdicio en eventos corporativos con la comida que se sirve o regalos que se dan a los asistentes.
Los eventos corporativos dejan tras de sí kilos de regalos nuevos directos a la basura. Bandejas de canapés sin tocar, botellas sin abrir y cajas de tés premium terminan en contenedores al finalizar congresos y ferias. El sector MICE español genera miles de toneladas de residuos anuales, gran parte procedentes de obsequios perecederos que nadie consume.
Datos oficiales del Ministerio de Agricultura cifran en 1.200 millones de kg el desperdicio alimentario anual en España, con el catering de eventos entre los más derrochadores: hasta 50% de comida preparada acaba en la basura en banquetes y congresos. Los lotes gastronómicos —tés, mermeladas, dulces— agravan el
problema: muchos pasan del embalaje al contenedor sin pasar por casa del destinatario.
"Los organizadores nos cuentan habitualmente cómo gran parte de esos regalos comestibles se queda sin reclamar en el recinto", explica Miguel Fernández, CEO de MartGifts, especialistas en merchandising promocional. La razón es práctica: asistentes que no quieren cargar peso extra al final de la jornada, productos perecederos con fecha de caducidad corta y embalajes poco incentivadores.
La Ley de Residuos y la Directiva contra plásticos de un solo uso ya penalizan este modelo. Las empresas enfrentan multas si sus obsequios generan desperdicio masivo, mientras el 65% de millennials prioriza marcas sostenibles (Nielsen).
"Cada vez más clientes buscan regalos reutilizables como botellas térmicas, tazas o bolsas de tela. No caducan, se usan a diario y refuerzan la marca mucho más que un lote que acaba caducado", añade Miguel Fernández.