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El debate sobre el futuro del sistema agroalimentario ha puesto sobre la mesa un mensaje contundente: sin un entorno regulatorio más flexible, la capacidad de innovación del sector podría verse seriamente limitada. Esta es una de las principales conclusiones trasladadas en una jornada organizada por el Instituto de la Ingeniería de España, donde expertos de toda la cadena alimentaria han analizado los retos hasta 2040.
La jornada “La Agricultura y la Alimentación en el Horizonte 2040”, organizada la pasada semana por el Instituto de la Ingeniería de España (IIE), la Fundación Foro Agrario y la Asociación Nacional de Ingenieros Agrónomos (Ania).
En un contexto de creciente complejidad —marcado por el cambio climático, la volatilidad geopolítica y el encarecimiento de los costes—, los profesionales del sector coinciden en la necesidad de equilibrar sostenibilidad, competitividad y seguridad alimentaria. Sin embargo, alertan de que el endurecimiento normativo puede convertirse en una barrera para lograrlo.
Más allá de la regulación, el consenso es claro: el futuro del agro pasa por la tecnología. La expansión de la agricultura 4.0, la automatización de procesos, el uso de inteligencia artificial o las nuevas técnicas genómicas se perfilan como herramientas imprescindibles para aumentar la producción y mejorar la eficiencia.
No en vano, la demanda global de alimentos obligará a elevar la producción en torno a un 30% en las próximas décadas, lo que exigirá un salto cualitativo en productividad y sostenibilidad.
Pero el cambio no solo se producirá en el campo. El consumidor está transformando también el modelo de distribución alimentaria, impulsando formatos más personalizados, sostenibles y vinculados al concepto de “consumo como servicio”.
En este escenario, ganan peso tendencias como el crecimiento de los productos locales, el auge del premium y del discount, o el desarrollo de la alimentación de conveniencia. Asimismo, emergen nuevos modelos híbridos como los “mercaurantes”, que combinan venta minorista y restauración en un mismo espacio.
Otro de los puntos clave es la necesidad de reforzar la estructura empresarial del sector. Los expertos subrayan la importancia de avanzar en la internacionalización, fomentar la integración vertical y mejorar la colaboración entre los distintos eslabones de la cadena alimentaria.
Especialmente relevante es este aspecto para las pymes, que deberán ganar tamaño y eficiencia para responder a un entorno cada vez más exigente y competitivo.
El mensaje que lanza el sector es claro: el futuro del agro no dependerá únicamente de la sostenibilidad, sino de la capacidad de gestionar un equilibrio complejo entre regulación, innovación y rentabilidad. En un escenario global cada vez más tensionado, reducir la hiperregulación podría ser, para muchos, el primer paso para no quedarse atrás.
Regulación y normativa en la industria alimentaria