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Manuel A. Velázquez, Senior Partner de ERA Group, aborda cómo la distribución alimentaria ha optado por contener precios para proteger el consumo y evitar una desaceleración de la demanda pero advierte que esta estrategia no es sostenible indefinidamente.
La capacidad de los supermercados para seguir absorbiendo costes tiene un límite. Durante los últimos meses, gran parte de la distribución alimentaria ha optado por contener precios para proteger el consumo y evitar una desaceleración de la demanda, asumiendo parte del impacto derivado del encarecimiento del transporte y la energía. Sin embargo, esta estrategia reduce los márgenes y no es sostenible indefinidamente.
El sector opera con márgenes ajustados, por lo que incrementos persistentes en costes logísticos o energéticos terminan tensionando la rentabilidad. La clave estará en mejorar la eficiencia operativa, optimizar compras y renegociar condiciones con proveedores antes de verse obligados a trasladar esos sobrecostes al consumidor.
A corto plazo, la contención de precios sigue siendo la estrategia dominante. De hecho, el último dato del INE correspondiente a mayo muestra una evolución prácticamente plana de los precios de los alimentos, frente a una inflación general del 3,2%. La intensa competencia entre cadenas está llevando a muchos operadores a priorizar la fidelización de clientes y la cuota de mercado por encima de la recuperación inmediata de márgenes.
Sin embargo, si la tensión geopolítica se prolonga y los costes energéticos continúan elevados, existe un riesgo real de nuevas presiones sobre los precios. No hablamos necesariamente de subidas generalizadas, sino de ajustes progresivos en aquellas categorías más expuestas al transporte, la energía o determinadas materias prima.
El principal impacto está llegando por la vía energética. Más que las cadenas de suministro internacionales, el factor determinante está siendo el encarecimiento del petróleo. Con el Brent moviéndose en torno a los 100 dólares por barril debido a la incertidumbre generada en torno al estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del comercio mundial de crudo y gas natural licuado, aumentan tanto los costes del transporte por carretera como los costes energéticos que afectan a toda la cadena de valor.
Además, muchas materias primas utilizadas en envases y embalajes dependen de derivados del petróleo, lo que añade presión adicional sobre los costes operativos. Las partidas más afectadas son actualmente transporte, energía, packaging e insumos vinculados a la producción alimentaria.
Las empresas están centrando sus esfuerzos en tres áreas: eficiencia operativa, optimización de compras y control del gasto. Por un lado, están revisando procesos logísticos, rutas de distribución y niveles de inventario para reducir costes sin afectar al servicio. Por otro, se están intensificando las negociaciones con proveedores y buscando alternativas que permitan mantener competitividad sin comprometer la calidad.
También estamos viendo una mayor inversión en análisis y visibilidad de costes. Muchas compañías están identificando pequeñas ineficiencias o sobrecostes que antes pasaban desapercibidos y que, acumulados, pueden tener un impacto relevante en los márgenes.
El consumidor español es hoy más racional y sensible al precio que hace unos años. Compara más, planifica mejor sus compras y presta una atención creciente a promociones y marcas de distribuidor. De hecho, alrededor del 57% de los consumidores ya compra marca propia de forma mayoritaria o casi exclusiva, una cifra que sitúa a España entre los mercados europeos donde esta tendencia está más consolidada.
Además, observamos dos movimientos paralelos. Por un lado, un desplazamiento hacia opciones más económicas en categorías básicas; por otro, una búsqueda selectiva de valor añadido en determinados productos, incluyendo referencias premium dentro de las propias marcas de distribuidor. También se están consolidando hábitos como realizar compras más frecuentes pero de menor importe para controlar mejor el presupuesto familiar, así como una mayor presencia de los formatos discount en la cesta de la compra.