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La Unión Europea acuerda limitar el uso de determinados términos asociados a la carne en productos de origen vegetal, mientras organizaciones del sector como Proveg, advierten de posibles efectos sobre la innovación y la competitividad.
Los negociadores del Parlamento Europeo y del Consejo de la Unión Europea alcanzaron ayer un acuerdo provisional en los trílogos sobre las normas de denominación de los productos de origen vegetal, dentro de la revisión del Reglamento de Organización Común de Mercados (OCM). El pacto establece la prohibición de 31 términos asociados a la carne para este tipo de productos.
Entre las denominaciones restringidas figuran nombres de especies animales como ‘pollo’, ‘ternera’ o ‘cerdo’, así como términos que hacen referencia a cortes de carne, entre ellos ‘pechuga’, ‘muslo’ o ‘contramuslo’.
Sin embargo, expresiones relacionadas con el formato del producto seguirán permitidas, como ‘hamburguesa’, ‘salchicha’ o ‘nuggets’. En cambio, durante las negociaciones se incorporó a la lista de prohibiciones el término ‘filete’, junto con ‘hígado’.
El acuerdo también aborda la cuestión de los nuevos alimentos (novel foods), entre ellos los procedentes de la agricultura celular. Aunque estos productos aún no se comercializan en el mercado europeo, los colegisladores decidieron extender la prohibición de forma preventiva.
El texto contempla un periodo de transición de tres años, durante el cual los productores podrán agotar el stock existente y adaptar el etiquetado y la comercialización a las nuevas normas una vez que la legislación entre en vigor.
Tras el acuerdo político, el expediente deberá pasar ahora por la adopción formal del Consejo de Agricultura y Pesca (formado por los ministros de los Estados miembros) y posteriormente por una votación final en el pleno del Parlamento Europeo.
La organización ProVeg International valoró positivamente que no se haya aprobado una prohibición más amplia, aunque considera que las nuevas restricciones siguen siendo innecesarias. La entidad sostiene que cualquier regulación adicional debería ser proporcionada y coherente desde el punto de vista jurídico.
Según datos citados por la organización, más del 90 % de las personas consumidoras en Europa distinguen entre productos de origen vegetal y animal cuando se utilizan calificativos, mientras que alrededor del 80 % apoya mantener términos familiares con un etiquetado claro de vegetariano o vegano.
Las estimaciones del sector apuntan a cientos de millones de euros en costes combinados de cambio de marca e ingresos perdidos en los principales mercados de la UE.
Incluso con el acuerdo político alcanzado, persisten varios retos de aplicación: