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Durante años, la iluminación en centros comerciales se ha visto como un tema principalmente estético o de eficiencia energética. Hoy en día, ese enfoque se queda corto. Alejandro Boxall es cofundador y Head of Ecommerce de GreenIce, empresa española especializada en iluminación led con presencia en toda Europa.
El centro comercial ha evolucionado hacia un espacio experiencial más completo, donde conviven retail, restauración, ocio, zonas familiares y servicios, y la iluminación juega un papel decisivo para articular todo este ecosistema.
Ya no se trata solo de “encender luces”: hablamos de crear sensaciones, guiar recorridos, potenciar la permanencia de los visitantes y reforzar la identidad del centro.
En este artículo, te explicamos cómo una estrategia de iluminación bien planificada puede mejorar la experiencia del usuario, proyectar la marca y optimizar costes operativos a largo plazo, y qué soluciones técnicas suelen emplearse para lograrlo.
Cada zona de un centro comercial tiene necesidades lumínicas distintas y entender estas diferencias es clave para conseguir que la iluminación cumpla su función.
Las galerías y zonas de tránsito requieren una iluminación uniforme , con buen control del deslumbramiento (UGR), facilita la orientación y genere sensación de amplitud. Una luz bien distribuida evita sombras molestas y contribuye a que los visitantes se sientan cómodos y se queden más tiempo. La coherencia lumínica en estas áreas también ayuda a resaltar señalización, luminarias de emergencia, escaparates y zonas de descanso, sin generar deslumbramientos.
Aquí la iluminación tiene un doble papel: seguridad y atractivo visual. Debe garantizar visibilidad, evitando áreas oscuras, pero también reforzar la identidad del centro comercial desde el primer impacto. La correcta elección de temperatura de color y dirección de la luz es esencial para un efecto atractivo que invite a entrar.
En zonas de restauración, la luz combina funcionalidad y ambiente. El objetivo es que los visitantes coman cómodamente, mientras se crea un entorno acogedor que invite a quedarse y socializar. Cuanto más tiempo se queden, más probabilidades habrá de que consuman más durante su visita. Las luces cálidas, distribuidas de manera equilibrada, ayudan a diferenciar estos espacios de las zonas de paso y contribuyen a una experiencia más relajada y agradable.
Los locales comerciales tienen necesidades muy específicas. Los gestores de los comercios requieren flexibilidad para resaltar productos, combinar luz general y de acento, y adaptar la iluminación a promociones o redistribuciones temporales. Downlights profesionales o proyectores orientables con distintos ángulos de apertura y opciones de regulación son algunas de las soluciones más utilizadas.
Aunque se perciben como espacios funcionales, los aparcamientos y zonas de servicio requieren atención especial. La luz debe ser intensa y uniforme con luminarias técnicas de alta protección (IP elevado) y ópticas extensivas que garanticen seguridad y visibilidad, al mismo tiempo que optimizan el consumo energético.
Para que un centro comercial funcione como espacio agradable y eficiente, hay que considerar ciertos criterios técnicos:
Aplicar estos criterios desde la fase de proyecto convierte la iluminación en una herramienta estratégica que mejora la experiencia del visitante, la percepción de los espacios y la eficiencia operativa. Sistemas de control que regulan intensidad, escenas u horarios son cada vez más habituales para optimizar el consumo y la flexibilidad del espacio.
Estos criterios suelen alinearse con normativas como la UNE-EN 12464-1 para iluminación de espacios interiores.
Incluso con la mejor tecnología led, hay errores que pueden afectar tanto a la experiencia del visitante como a los costes operativos. Algunos de los más comunes son:
Evitar estos errores desde el principio asegura que la iluminación cumpla su función estratégica, mejore la percepción del espacio y reduzca costes innecesarios.
A la hora de planificar la iluminación de un centro comercial, no basta con fijarse en el precio de la luminaria. Lo realmente importante es el coste total de propiedad (TCO), que incluye no solo la compra, sino también la instalación, el mantenimiento, el consumo energético y la reposición de equipos a lo largo del tiempo.
Otro factor clave es la vida útil real depende de factores como la temperatura ambiente, la disipación térmica y los ciclos de encendido: muchos productos prometen miles de horas de funcionamiento, pero las condiciones de uso y el mantenimiento pueden reducir significativamente su duración.
La calidad óptica también juega un papel fundamental: una luminaria bien diseñada distribuye la luz de manera uniforme, evitando deslumbramientos y sombras molestas. Y no hay que olvidar la gestión térmica, ya que la correcta disipación del calor influye directamente en el rendimiento y la vida útil de los led.
En definitiva, la iluminación de un centro comercial es mucho más que un gasto: es una inversión estratégica. Elegir bien la tecnología, el diseño y la especificación de cada luminaria mejora la permanencia de los visitantes, crea ambientes coherentes y atractivos, refuerza la identidad de la marca y garantiza eficiencia y durabilidad.
Para arquitectos y responsables de retail, la recomendación es clara: planificar la iluminación desde la fase de proyecto, coordinando arquitectura, diseño y operación. Hay que tener en cuenta las necesidades específicas de cada zona, evaluar uniformidad, control de deslumbramiento, temperatura de color, mantenimiento y coste total de propiedad.
Una iluminación bien pensada no solo ilumina, sino que transforma la experiencia del usuario, optimiza recursos y convierte un centro comercial en un espacio funcional que destaca y atrae a los visitantes.
Alejandro Boxall es cofundador y Head of Ecommerce de GreenIce.