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La cesta de la compra se ha encarecido en los últimos años y los consumidores españoles están encontrando nuevas fórmulas para reducir su gasto en alimentación. Entre ellas, el aprovechamiento del excedente alimentario se consolida como una de las estrategias más eficaces, con un impacto directo tanto en el bolsillo como en la sostenibilidad.
No hay que olvidar que el coste medio de una cesta de 100 productos básicos supera ya los 321 euros mensuales, en un contexto de inflación acumulada del 36,6% en alimentos en los últimos cinco años. Esta presión sobre el gasto doméstico ha acelerado la adopción de soluciones alternativas por parte de los hogares.
En este escenario, plataformas como Too Good To Go están ganando protagonismo al ofrecer productos en perfecto estado que no se han vendido, a precios considerablemente reducidos. Los denominados “packs sorpresa” permiten acceder a alimentos con descuentos de hasta el 75%, con precios que oscilan entre los 3 y 5 euros para productos valorados en hasta 15 euros o más.
El impacto económico es significativo: los usuarios que adquieren al menos un pack semanal pueden ahorrar más de 417 euros al año en alimentación. Desde su llegada a España en 2018, esta fórmula ha contribuido a generar más de 280 millones de euros en ahorro acumulado para los consumidores.
Más allá del ahorro puntual, el crecimiento de estas soluciones refleja un cambio estructural en los hábitos de compra. En los últimos dos años, la comunidad de usuarios de este tipo de aplicaciones ha crecido un 42%, con un volumen de alimentos salvados equivalente al registrado en sus primeros seis años de actividad.
Este fenómeno no solo responde a la necesidad económica, sino también a una creciente conciencia sobre el impacto del desperdicio alimentario. Actualmente, se calcula que alrededor del 40% de los alimentos producidos a nivel global acaba desechándose, lo que refuerza el papel de estas iniciativas como herramienta clave tanto para consumidores como para distribuidores.
Para el sector retail y horeca, este modelo representa una oportunidad estratégica para optimizar la gestión de excedentes y generar ingresos adicionales a partir de productos que, tradicionalmente, se desperdiciaban. Supermercados, panaderías, restaurantes e incluso fabricantes están integrando estas soluciones en su operativa diaria, mejorando su eficiencia y reforzando su posicionamiento en sostenibilidad.
Además, nuevas fórmulas como las “cajas despensa”, que incluyen productos de marcas que no han encontrado salida en el canal habitual, amplían el alcance del modelo y su potencial de escalabilidad.
Con la inflación como catalizador, todo apunta a que el aprovechamiento del excedente alimentario ha dejado de ser una práctica puntual para convertirse en un hábito de consumo consolidado. En un entorno donde el precio sigue siendo el principal driver de compra, estas soluciones reúnen tres factores clave: ahorro, sostenibilidad y digitalización.
Así, el desperdicio alimentario deja de ser un problema para convertirse en una oportunidad —tanto para el consumidor como para el sector— en la nueva economía alimentaria.