por Retail Actual 28 de abril, 2026
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Jon Enriquez, CEO y cofundador de Vidext, nos da las claves sobre la formación en prevención de riesgos laborales (PRL). 

En el sector retail, la prevención de riesgos laborales (PRL) convive a diario con ritmos operativos muy exigentes, alta rotación de personal y una gran diversidad de perfiles profesionales: personal de tienda, reposición, almacén, logística, etc. En este contexto, muchas compañías cumplen formalmente con la formación obligatoria en PRL, pero no siempre logran que ese esfuerzo se traduzca en comportamientos seguros y sostenidos en el tiempo. El resultado es conocido por muchos responsables de operaciones y RRHH: procesos que se olvidan, protocolos que se aplican de forma desigual y riesgos que se repiten.

El problema no suele ser la falta de contenidos. De hecho, en muchas organizaciones existe mucho material formativo acumulado durante años. El reto está en el diseño y la evolución de la formación. Tradicionalmente, la PRL se ha abordado como una sesión puntual que se imparte al incorporarse al puesto y no se suele reforzar después. Sin embargo, la experiencia demuestra que gran parte de lo aprendido se pierde en pocas semanas si no se reactiva y solo una pequeña proporción de los trabajadores aplica ese conocimiento cuando se enfrenta a una situación de riesgo real. Esto se explica con la famosa curva del olvido que indica que el 50% del contenido se olvida en la primera hora y el 70% al cabo del primer mes. 

De la teoría de formación en prevención de riesgos laborales... a la práctica

En retail, la distancia entre lo que se enseña y lo que ocurre en el punto de venta es especialmente evidente. Un dependiente puede aprender en una sala a manipular cargas de forma segura, pero luego trabaja rodeado de clientes, con tiempos ajustados y necesita priorizar la atención. Un operario de almacén, por su parte, recibe un manual sobre el uso de transpaletas o carretillas, pero se enfrenta a turnos rotativos, espacios cambiantes y picos de actividad. Cuando la formación no es la adecuada para acompañar al trabajador en ese contexto real, pierde eficacia rápidamente. 

A esto se suma otro factor habitual en cadenas con múltiples tiendas: la fragmentación. Cada centro adapta materiales, algunos los actualizan y otros no, y la trazabilidad acaba reducida a una firma en papel o a un registro poco homogéneo. Esto no solo dificulta la coherencia del mensaje preventivo, sino que complica el seguimiento real de la formación y la respuesta ante auditorías o incidentes. 

Audita antes de crear para un aprendizaje accionable

Antes de lanzar nuevos cursos o invertir en contenidos, conviene revisar qué existe ya. En muchas organizaciones hay presentaciones, PDFs y videos heredados que no se usan tras la formación inicial. Una auditoría permite identificar qué contenidos son críticos, cuáles están desactualizados y en qué casos no existe un registro fiable de quién se ha formado y cuando. Este ejercicio revela un patrón común: mucho contenido, poco impacto.

Por ello, el microlearning se presenta como una alternativa especialmente eficaz en tiendas y almacenes. Módulos breves, de entre 3 y 7 minutos, centrados en una acción concreta encajan mejor en el ritmo operativo del retail. Además, facilitan la aplicación inmediata y reducen la sensación de interrupción en la jornada laboral.

Formación en PRL en plataformas digitales

Distribuir los mismos contenidos, adaptados a cada perfil, pero coherentes en el mensaje, ayuda a reducir errores y diferencias entre centros. El uso de plataformas digitales que registren automáticamente la formación completada permite pasar de un control meramente administrativo a una visión real y actualizada del estado de la prevención. Esto aporta valor tanto a nivel operativo como en el ámbito normativo, especialmente en entornos con alta rotación.

La formación en PRL no debería entenderse como un evento aislado, sino como un proceso continuo. Breves recordatorios periódicos como vídeos trimestrales o refuerzos vinculados a incidentes detectados en tienda, ayudan a reactivar el conocimiento justo cuando se necesita. En retail, estos refuerzos pueden alinearse con campañas comerciales, cambios en la disposición, nuevas colecciones o picos estacionales, momentos en los que el riesgo operativo suele incrementarse.

Como vemos, el principal reto de la prevención de riesgos laborales en el sector retail no está en sumar más horas de formación, sino en hacerla útil, aplicada y alineada con la realidad del punto de venta y los entornos logísticos. Apostar por modelos continuos, refuerzos periódicos y una trazabilidad real, permite reducir la distancia entre lo que se aprende y lo que realmente se hace en el día a día. Así, la PRL deja de ser un trámite y se convierte en una herramienta para mejorar la seguridad y la eficiencia. 

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