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Detrás del sello B Corp —otorgado por B Lab— no hay solo reputación. Hay exigencia. Se evalúan aspectos como el impacto ambiental, las condiciones laborales, la ética empresarial y la contribución social. Es decir, mide algo que el consumidor empieza a exigir con claridad: coherencia real.
En este contexto, la entrada de Naeco en la comunidad B Corp marca un punto de inflexión estratégico. Su especialización vinculada al residuo plástico la sitúa en el centro de uno de los grandes desafíos del retail y la logística: reducir el impacto ambiental de los materiales.
Desde este enfoque, la certificación no llega como un gesto aislado, sino como la validación de un modelo basado en economía circular, optimización de recursos y reducción de huella ambiental. Un modelo que, además, conecta directamente con las nuevas exigencias de grandes distribuidores y marcas, cada vez más presionados por consumidores, reguladores y sus propias estrategias ESG.
Para compañías como Naeco, el reto ahora será convertir este reconocimiento en un motor real de crecimiento, innovación y liderazgo dentro de un mercado cada vez más exigente.